Nuestro 50 Trillónes de Ojos

Cuando estaba configurando mi sitio web y escribiendo la sección “acerca de”; quería explicar lo que significaba nuestra “visión interna”. Escribí lo siguiente:

Ver con claridad es usar todos nuestros sentidos intuitivos, nuestra visión interna. Con nuestra visión interna, vemos a través de nuestra piel y huesos, a través de nuestros ojos y oídos, a través de nuestras manos y pies, y a través de nuestra mente y corazón. Acceder a nuestra visión interna significa ver a través de todo. Cuando vemos claramente, encontramos la verdad y nos paramos más firme en nuestro propio poder.

Luego, el mes pasado, decidí borrar este párrafo porque me resultaba difícil entender por qué lo escribí. Sabía que era cierto, pero se sentía “demasiado extraño”, así que decidí borrarlo por el momento hasta que lo entendiese con más claridad. Tengo la tendencia a pensar de esta forma y me encuentro hablando silenciosamente en mi mente con ganas de compartir conocimientos con un público más amplio, pero generalmente no lo hago. Me lleno de dudas porque no tengo ningún punto de referencia.

No tener un punto de referencia es una creencia que podemos asumir cuando vamos por la vida creyendo que solo obtenemos información y conocimiento a través de nuestro mundo externo. A veces, nuestro entorno cultural y educativo no ofrece una comprensión más profunda de nosotros mismos como seres intuitivos. Tuve una gran educación por estándares convencionales; y la educación que recibí en la escuela y la universidad me ofreció la oportunidad de tener una gran carrera mientras viajaba por el mundo ayudando a otros y aprendiendo. Sin embargo, esto era solo una fracción de lo que realmente existe hasta que uno comienza a despertar una mayor conciencia; y esa mayor consciencia es nuestra sabiduría interior con la que ya venimos a este mundo.

Cuando asistí al taller del famoso biólogo, Bruce Lipton, sobre su libro La Biología de la Creencia en Londres el 27 de Octubre, me alegré mucho de aprender con gran detalle la estructura molecular de nuestras células. En el momento en que vi la imagen ampliada de la membrana de la célula, me di cuenta de que lo que escribí arriba, con respecto a nuestra visión interna, tenía perfecto sentido. También recordé un sueño que tuve, hace un año, donde vi algo similar; excepto que estaba dentro y fuera de una burbuja clara. La burbuja tenia portales con forma espiral y puertas. El universo estaba a mi alrededor, pero mientras yo veía esta barrera invisible alrededor, recuerdo sentir una sensación de desconexión entre quién era yo por dentro y quien ero yo por fuera.

Lipton explicó que cada célula de nuestro cuerpo tiene una membrana de aspecto cristalino; nada puede entrar o salir, excepto a través del uso de proteínas efectores-receptores. El exterior y el interior de la membrana celular están revestidos con muchos receptores que actúan como antenas que recogen información (señales) de todo el entorno. Un “canal” (portal) se abre a través de la membrana para permitir que la información entre y salga de la membrana celular.

Lo que mantiene nuestras células en movimiento es una fuente de energía que está fuera y dentro de nuestras células. A través de mis propias prácticas de meditación, curaciones y experiencia de la vida,  entiendo que esta fuente de energía es lo que llamamos Dios y nos conecta a todos juntos; y a través de varias dimensiones. La energía sutil existe en diferentes formas y se puede acceder de varias maneras. Nosotros – como individuos, como grupo colectivo y como esta fuente de energía, nos estamos guiando constantemente.

Todo nuestro cuerpo está formado por estas células individuales, así que visualizo nuestro cuerpo humano como una antena móvil masiva que recibe y emite información todo el tiempo; o como Bruce Lipton lo describió mejor: tenemos “una comunidad cooperativa de aproximadamente 50 trillones de ciudadanos unicelulares”. La membrana celular era la imagen visual perfecta que necesitaba para entender desde una perspectiva de curación intuitiva cómo nosotros, como seres sensibles, canalizamos la energía (información).

Entonces me acordé de la siguiente historia:

En 1979, cuando mi hermano tenía 18 meses y yo tenía 3 años, mis padres organizaron un viaje familiar a San Francisco, California. Alguien recomendó que fueran a un restaurante que tenía vistas espectaculares del puente Golden Gate. El restaurante era bastante alto y tenía una hermosa terraza. En uno de esos momentos aterradores que la mayoría de los padres temen, mi hermano desapareció. Mientras lo llamaban, notaron que había un pequeño grupo de personas reunidas al borde de la terraza.

Cuando mis padres se acercaron, vieron que mi hermano se había abierto camino a través de los rieles y caminaba a lo largo del borde del edificio. En ese momento, ambos conjuraron una fuerza súper asombrosa para mantener la calma y llamar suavemente a mi hermano, quien camino lentamente hacia sus brazos. El grupo de gente se había mantenido muy quieto para no hacer ningún ruido que pudiera asustar a mi hermano.

Solo al pensar lo que le pudiera haber ocurrido a mi hermano si hubiera perdido el equilibrio o hubiera sido arrastrado por un soplo de viento o cualquier otra cosa; fue un shock para mis padres. Ellos tienen muy poca memoria del evento porque fue muy impactante para ellos. Yo estaba con mis abuelos, así que no fui testigo directo de lo que sucedió y no tenía memoria consciente de esta visita a San Francisco, pero había escuchado esta historia contada en varias ocasiones a lo largo de mi vida.

Unos años después de este incidente, cuando tenía alrededor de 11 años, visitábamos a mi tía en Queens, Nueva York. Ella vivía en un edificio de apartamentos en el sexto piso. Había estado jugando en una de las habitaciones con mi hermano, pero al cabo de un rato dejé la habitación para ir a otra parte. Recuerdo que escuché un sonido que sonaba como si mi hermano se hubiera caído por la ventana. De repente me angustie. Me asusté y empecé a llorar. Entre sollozos, le decía a mi madre que mi hermano se había caído por la ventana.

Sentí un dolor en mi pecho por el temor de que mi hermano estuviera muerto. Mientras mi madre me aseguraba que no se había caído por la ventana, mi hermano salió de la habitación preguntando qué estaba pasando. Estaba tan convencida de que se había caído por la ventana que todavía puedo recordar lo confundida que me sentía. Mi madre también me llevó a la ventana para mostrarme que la ventana tenía barras, por lo que no pudo haberse caído por la ventana. Todo el escenario había sido tan real y extraño para mí que nunca lo olvidé.

Vinculé estos dos eventos por primera vez el verano pasado, cuando mi madre me visitaba en Inglaterra; mientras hablábamos sobre energía, información y emociones. Sin embargo, lo que me llamó la atención sobre esta situación es lo real que estaba arraigada a una creencia en mi subconsciente que no era real, sino que se interpretaba como real a través de las emociones que había adquirido a los tres años.

Estudios científicos han demostrado que los niños en los primeros siete años operan predominantemente en ondas cerebrales theta. Esta es la onda cerebral con la que los hipnoterapeutas guían a sus clientes, y a través de otras modalidades de curación, acceden a la mente subconsciente. Como niños, descargamos información directamente en nuestro subconsciente, donde puede ser cableado como vías sinápticas. Después de esta edad, nos volvemos menos susceptibles a medida que accedemos a ondas alfa de mayor frecuencia y comenzamos a diferenciar información más fácilmente.

Las emociones que mis padres sintieron ese día en 1979; fueron comunicadas a través de sus palabras y pensamientos. Nuestros pensamientos y emociones son poderosos porque crean nuestras experiencias, pero también pueden tener un efecto en las experiencias de otras personas. A los tres años, yo no podía diferenciar las emociones que mis padres sentían y proyectaban (emitían) de las mías. Por alguna razón, en ese momento, mis muchos pequeños receptores recogieron esta información a través de la energía sutil que nos rodea y esta información se abrió camino en mi mente subconsciente, donde permaneció como “creencia real” hasta que pude liberarla unos años más tarde. No fui testigo de lo que ocurrió en San Francisco, pero pude ver y sentir las emociones que mis padres sintieron ese día. Yo lo había “visto” a través de sus 50 trillones de ojos.

Como seres energéticos, nuestras palabras y nuestros pensamientos son energía, y nuestras palabras y pensamientos transmiten nuestras emociones. No solo recibimos información de nuestro entorno, también proyectamos información a través de pensamientos y emociones en nuestro entorno. A través de la ciencia, ahora podemos “ver” la mecánica de cómo funciona este proceso de transferencia de energía. Cuando tenía once años en el apartamento de mi tía, estaba liberando energía (información) que no me pertenecía y se desalojó de mi subconsciente en el momento en que vi a mi hermano vivo frente a mí. Estaba procesando (sanando) las emociones que recogí de mis padres. En el momento en que vi a mi hermano estaba de pie frente a mí, no tuve más remedio que liberar esta creencia y emoción.

Cuando nos despertamos de una verdad de la que estábamos convencidos, puede ser impactante. Utilizo este ejemplo de mi infancia en particular porque aunque pueda parecer “simple”; y explica como naturalmente liberé energía (información) que no me pertenecía a una edad temprana; ¿Cuántas creencias y emociones más asumimos que no son las nuestras? ¿Cuántas cosas hemos observado y aceptado en la niñez que no son las nuestras? ¿Cuántos patrones estamos repitiendo actualmente que se ocultan en nuestro subconsciente y se manifiestan en nuestra realidad física como un patrón de pensamiento negativo, como una dolencia física, una enfermedad o incluso un aborto involuntario? ¿quizás? ¿Qué observamos en nuestro entorno como niños que pueden tener un impacto en nuestro momento presente?

Hay creencias limitantes que podemos haber aprendido a través de la observación o que podemos haber “heredado” mientras estábamos en el útero de nuestra madre, a partir de una creencia limitante que ella asumió cuando estaba en el útero de su madre, y así sucesivamente (se aplica lo mismo al padre, por supuesto). Lo que se conoce como curación ancestral es tomar conciencia de estos sistemas de creencias y sanarlos en esta vida a partir de nuestros linajes maternos y paternos. A través de este proceso de limpieza, descubrimos las riquezas que se fueron enterrando bajo capas de programación no-saludables. A medida que descubrimos y liberamos (curamos) esta energía, dejamos espacio para que la nueva información salga a la superficie. A través de este proceso también podemos ver más claramente nuestro entorno.

Despertar para recordar: no es un juego de culpar a los demás, es uno de ampliar la conciencia

¿Cuántas personas han escuchado decir sobre los niños; ¡No lo recordarán, así que no se preocupen! “Como madre, escucho esto todo el tiempo, pero mientras tengo dos hijos, quienes en este momento son menores de 7 años, tampoco me voy a volver loca. Sus almas escogieron la vida en la que nacieron; y eligieron a sus padres con todas sus creencias limitantes (¡y agrego sabiduría tambiénJ!).

Con la conciencia más amplia y clara viene el agradecimiento porque, a medida que vamos recordando, elegimos conscientemente como vamos a vivir la vida que queremos. Vivimos en una época en que la ciencia y la sabiduría antigua de nuestros antepasados están surgiendo cada vez más rápido de las tumbas en las que fueron enterrados. También vivimos en una época en que la medicina alternativa y complementaria es cada vez más común y accesible.

Hay mucho que aprendí y nuevos conocimientos que me lleve del taller de Lipton, pero para mí lo más destacado fue la membrana de la célula. Me ayudó a dar sentido a los muchos ojos a través con los que vemos. Lo que liberé energéticamente ese día fue una capa de dudas que me impidieron compartir una verdad que yo ya conocía. Cuantas más capas suelto que no me pertenecen, más portales y puertas abro para acceder a lo que se encuentra más allá de la barrera invisible que me mantiene separada de mi verdadero Ser; un ser más completo. Cuantas más puertas y portales abrimos como grupo colectivo, más nos sentiremos como una comunidad de ciudadanos globales trabajando juntos.

Y por último, ¿qué pruebas estamos buscando? ¿Qué creencias limitantes asumimos como grupo  colectivo que limita nuestra percepción solo a nuestros dos ojos físicos? Tenemos aproximadamente 50 trillones de otros ojos para mirar; más los otros 50 trillones de ojos de la otra persona y así sucesivamente. Veo la ciencia y la espiritualidad como una, van de la mano. Fusionar las dos disciplinas y encontrar el equilibrio entre nuestra sabiduría externa e interna elimina nuestra venda invisible. A cualquiera que diga que no es psíquicos, ni curanderos, ni médium, ni esto, ni aquello; Yo les digo, ya lo eres!

Somos seres energéticos con un potencial ilimitado, pero las creencias limitantes nos mantienen pequeños.

*Escrito originalmente en Ingles Our 50 Trillion Eyes

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